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Artículo de opinión. Diez enseñanzas en tres semanas

Han pasado ya tres semanas desde que empezó la fase más dura en España de la pandemia que asola el mundo. Y ha llegado el momento de parar la frenética galopada que el día 14 de marzo comenzamos. Necesitamos levantar la vista para hacer balance de lo que hemos estado viviendo sin tiempo para asimilarlo y reflexionar sobre el futuro que nos aguarda.

En primer lugar, debemos dejar constancia de que la ola de este tsunami se asomo a nuestras vidas bastante antes de la fatídica fecha en la que se decreta el estado de alarma. Sabíamos lo que estaba pasando en China, empezábamos a ver lo que ocurría en otros países del mundo. Desde un punto de vista exclusivamente económico creo que nuestros gobernantes podían haberse puesto ya entonces en lo peor y haber empezado a diseñar medidas con mucho más tiempo y previsión.

En segundo lugar, la toma de decisiones en unos momentos tan difíciles debe ser decidida, fundamentada y segura. Puestos a esperar, es deseable que las medidas que se adopten en una situación de incertidumbre no generen más incertidumbre. Deben ser medidas directas, sencillas, transparentes y jurídicamente sólidas.

En tercer lugar, estas tres semanas nos han enseñado que si desde el principio intuyes que las medidas deben ser duras, se deben afrontar desde el minuto uno. Irlas graduando sólo produce un efecto negativo multiplicador. Me explico, si los ERTES se hubieran anunciado desde el principio, las empresas ya los tendrían presentados, aprobados y los trabajadores tendrían asegurado el pago al final de mes.

En cuarto lugar, el ICO podría haber estado preparado para, en cuestión de horas, haber habilitado los mecanismos para aportar tesorería a las empresas y a los autónomos. Aprovechemos esta segunda ocasión que, por desgracia, nos ha servido el siglo y demos el contenido y la estructura oportuna a ICO tanto para una situación normal de la economía como para situaciones de crisis.

En quinto lugar, mucho se ha hablado en los últimos diez/quince años de digitalización en España y, sin embargo, el coronavirus ha desnudado todas las carencias de empresas y Administración para trabajar a distancia, para responder telemáticamente de cara a atender a clientes y ciudadanos.

En sexto lugar, hablemos en serio de movilidad. Si habíamos demostrado que no estamos preparados para el día a día, la crisis ha mostrado la poca flexibilidad para adaptarse a situaciones complejas (autobuses con cintas para que no se acerquen los usuarios al conductor, por ejemplo).

En séptimo lugar, es evidente que no se puede vivir pensando en un incremento severo del número de enfermos, pero sí que se deben habilitar mecanismos que permitan de forma rápida incrementar los recursos sanitarios para proteger al verdadero activo de un país, del mundo en general, las personas.

En octavo lugar, de deben establecer mecanismos que, en tiempos catastróficos, permitan reunir a los expertos de cualquier ideología, y que los distintos partidos colaboren en la búsqueda de soluciones, sin necesidad de aparentar una paz tensa que no es tal.

En noveno lugar, la Unión Europea debe aprobar las herramientas precisas para defender Europa en épocas complicadas. La crisis de 2008 mostró la debilidad de la Unión y no se han dado pasos en este sentido. No dejemos pasar más tiempo. Sin olvidarnos de ser solidarios no solo entre los componentes de la UE si no también con el resto de países.

Y diez. Por último, y quizás como primera medida, eduquemos a nuestros hijos en valores, en solidaridad, en emprendimiento… la pandemia ha mostrado que somos el país del Lazarillo de Tormes, con gente paseando a perros de peluche, con personas que han montado un negocio alquilando perros por horas… Este es un tema muy serio. Una buena educación creará una sociedad con valores y solidaria, que piensa en el bien común.

 

Fernando Santiago Ollero

Presidente del Consejo General de Colegios de Gestores Administrativos