Es viernes, son las 17:00 horas, apagas el ordenador con la satisfacción de haber cerrado la semana sin grandes complicaciones. La oficina está en silencio y de repente el teléfono móvil vibra en tu bolsillo. Miras y no es un mensaje familiar, ni urgencia de salud o cita olvidada. Es un correo electrónico de aviso: “Tiene una nueva notificación en la Sede Electrónica”
En ese preciso momento, la desconexión digital salta por los aires. Aunque legalmente sepas que tienes diez días para acceder o que el plazo no empieza a contar hasta que la abres, la paz mental ha desaparecido. Tu cerebro no para de rumiar, ¿será un requerimiento de Hacienda? ¿una sanción de la Seguridad Social para ese cliente que ya tiene problemas? ¿un embargo?
La transformación digital de la Administración Pública ha sido, sin duda, un avance necesario, agilizando trámites, reduciendo el uso de papel y eliminando colas presenciales. Sin embargo, ha traído consigo un efecto secundario perverso para los profesionales que actuamos como puente entre las Administraciones Públicas y los ciudadanos, es decir, disponibilidad perpetua.
El problema radica en que los sistemas informáticos de la Administración están programados para la eficiencia, no para compatibilizarla con el bienestar humano. Los servidores no entienden de horarios comerciales, ni de festivos, ni mucho menos de conciliación familiar. Disparan las notificaciones a partir de las 21:00 horas, o un fin de semana. Y aunque la descarga la hagamos el lunes, la carga mental de saber que “hay algo pendiente” nos acompaña todo el fin de semana.
Se habla mucho del derecho de desconexión digital en el ámbito laboral privado, regulado para proteger al trabajador de las llamadas de su jefe fuera de hora, pero ¿quién protege al gestor administrativo, al asesor o al abogado de la maquinaria administrativa automatizada? Nos hemos convertido en vigilantes 24/7 de los buzones electrónicos de nuestros clientes, bajo el miedo constante de que un fallo técnico o un descuido de un plazo de respuesta acabe con una sanción injusta.
No se pide volver al papel, se pide una humanización de la tecnología. Sería técnicamente sencillo programar las Sedes Electrónicas para que las notificaciones generadas, fuera del horario comercial, queden en “cola de salida”, y se notifiquen efectivamente a las 8:00 del siguiente día hábil. Desarrollo informático de baja complejidad, al igual que ocurre cuando configuras el envio de un email en un gestor de correos electrónicos.
Esta medida no retrasaría los procedimientos administrativos de manera significativa, pero tendría un impacto inmenso en la salud mental de miles de profesionales y colaboradores sociales. Respetar el descanso no es solo un derecho laboral, es una necesidad para garantizar la calidad de nuestro servicio, porque un gestor administrativo agotado y en alerta permanente es un sistema propenso al error.
En conclusión, la tecnología debe ser una herramienta de las personas, no un grillete digital que nos mantenga atados a la oficina 24/7, incluso cuando ya hemos apagado la luz y nos encontramos fuera del horario laboral. Es hora de que la Administración también respete nuestro “fuera de servicio”
Domingo Javier Cabrera Víquez
Vocal nº 5 del Ilustre Colegio de Gestores Administrativos de Málaga